
La moda sigue rezagada en sostenibilidad
La industria de la moda tiene un impacto desastroso en el medio ambiente. De hecho, es una de las industrias más contaminantes del mundo, justo después de la petrolera. La industria de la moda representa el 10% de las emisiones globales de carbono. Es una gran consumidora y contaminadora de agua. Y los residuos textiles parecen aumentar cada año, con unos 92 millones de toneladas generadas anualmente, según las estimaciones.
Mientras los líderes mundiales se reunían en la COP26 en las últimas semanas, las miradas vuelven a posarse en una industria que, dado su impacto, parece quedarse atrás en su ambición de enfrentar el cambio climático.
Un nuevo análisis de Stand.earth examina de cerca cómo algunas de las mayores empresas de moda y vestimenta avanzan en la reducción de las emisiones de su cadena de suministro, en línea con una trayectoria de emisiones de 1,5 ºC del Acuerdo de París de la ONU. Estos son algunos de sus hallazgos clave:
Las marcas de moda no van camino de cumplir la trayectoria de 1,5 ºC: de hecho, las emisiones de la cadena de suministro de ocho de las nueve empresas incluidas en el análisis aumentaron en 2019. Pese a la caída de la actividad por el COVID-19, las marcas generan más contaminación climática. Es alarmante que las empresas hayan aumentado sus emisiones durante una recesión, cuando se comprometieron a reducir su contaminación climática dentro de esta década. No existe una “moda sostenible” con combustibles fósiles: soluciones como pasar al poliéster reciclado o reducir el consumo de energía en sus tiendas están muy lejos de alcanzar para enfrentar la contaminación climática y tóxica que genera la industria de la moda. Las marcas deben actuar rápido para descarbonizar su cadena de suministro y eliminar gradualmente los combustibles fósiles como fuente de energía, de tejidos y de combustible para el transporte marítimo.

Mapa elaborado con Atium
Hay cierta esperanza, ahora que las grandes marcas dan un paso al frente
Está claro que todavía queda muchísimo trabajo por hacer, pero hay lugar para la esperanza. La Carta de la Industria de la Moda para la Acción Climática de las Naciones Unidas, lanzada en 2018 y firmada por 130 marcas, intensifica sus esfuerzos para reducir los impactos ambientales de la moda. Las marcas ahora se comprometen a reducir a la mitad sus emisiones de gases de efecto invernadero para 2030 (frente a la meta anterior del 30%).
Junto con los compromisos de reducir las emisiones más rápido, la Carta también fijó una nueva meta: que para 2030 el 100% de los materiales “ambientalmente preferibles”, como el algodón, la viscosa, el poliéster, la lana y el cuero, sean de bajo impacto climático.
Textile Exchange, una organización global sin fines de lucro, lidera el esfuerzo para que las marcas de moda orienten su cadena de suministro hacia tejidos amigables con el medio ambiente. En la COP26 presentó una solicitud para ayudar a la industria a alcanzar sus metas climáticas mediante la política comercial. Pidió aranceles preferenciales para materiales como el algodón orgánico y las fibras recicladas.
Más de 50 marcas, proveedores, minoristas, ONG y asociaciones de la industria unieron fuerzas para pedir un cambio de política pública que incentive el uso de estos materiales ambientalmente preferibles. Usar la política comercial para incentivar mejores prácticas en el abastecimiento de materias primas sería un uso pionero de la legislación para igualar las condiciones de las empresas de moda y textiles que buscan reducir sus impactos ambientales.
Los materiales ambientalmente preferibles deberían definirse como aquellos que provienen de fuentes certificadas y verificadas, con trazabilidad desde la materia prima hasta el producto terminado. Por ejemplo, el algodón orgánico suele tener una huella de carbono menor que el algodón convencional. Lo mismo ocurre con el poliéster reciclado frente al poliéster virgen.

Mapa elaborado con Atium
Pero ¿alcanza para el cambio que necesitamos ahora?
Con su trayectoria actual, el conjunto de la industria quedará muy lejos del compromiso de reducir a la mitad sus emisiones de gases de efecto invernadero para 2030. También vale la pena señalar que los firmantes de la carta de la moda de la ONU actualizada, entre ellos LVMH, Kering, Chanel, Nike, Adidas y Puma, representan solo una fracción de la extensa industria de la vestimenta y el calzado. Aunque puedan influir en las metas de toda la industria, esta se compone de miles de empresas con sede en todo el mundo.
Otra cifra para dimensionar el impacto de la industria global: según McKinsey, la industria de la moda fue responsable de alrededor del 4% del total de las emisiones de gases de efecto invernadero en 2018, una cifra comparable a las emisiones combinadas de Francia, Alemania y el Reino Unido.
Necesitamos una acción climática transformadora ahora. Todavía no es tarde para que las marcas que todos queremos asuman el desafío y marquen el camino.
