
El inminente fracaso de la COP26 ante la verdadera víctima climática de los sistemas alimentarios
Durante octubre, TSC.ai publicará una serie semanal de insights sobre los temas emergentes en el panorama de la COP26 y sus 4 objetivos para combatir el cambio climático: mitigación, adaptación, colaboración y financiamiento. A partir de los insights que genera Atium, la tecnología de detección global de TSC, destacaremos historias que todavía suelen pasarse por alto. Esas historias ofrecen una orientación valiosa para alcanzar los objetivos que esta conferencia histórica busca fijar.
La ‘mitigación’ y la ‘adaptación’ no bastan por sí solas para el futuro de los sistemas alimentarios
Se considera que la COP26 es un momento decisivo para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París para 20501. No es de extrañar que hoy la mayor parte de la atención se centre en la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. Los sistemas alimentarios globales son los procesos interconectados de cultivo, producción, transporte, procesamiento, venta minorista y mayorista de alimentos, hasta su consumo y desecho. Representan el 30% de todas las emisiones de gases de efecto invernadero y el 80% de la pérdida de biodiversidad2. Como vimos en nuestra serie de insights de la semana pasada, la mitigación de las emisiones agrícolas será clave. Sin embargo, la agricultura no solo contribuye al cambio climático. Los agricultores de todo el mundo, en especial los pequeños productores (que representan el 90% de la actividad agrícola mundial), son particularmente vulnerables a los cambios en el clima estacional y a los fenómenos meteorológicos extremos que los acompañan. Solo en los últimos años hemos visto la producción agrícola afectada por sequías e inundaciones, de Kenia a Irán, y por incendios forestales en Estados Unidos, Australia y Brasil3. Aquí entra la adaptación climática, otro de los focos de la COP26.
Para 2050 tendremos la difícil tarea de alimentar a entre 9.000 y 10.000 millones de personas, mientras se prevé que la producción agrícola se reduzca cerca de un 6% por el cambio climático4. Preguntas como “¿cómo lo haremos sin destruir nuestro planeta?” y “¿cómo lo haremos en condiciones climáticas más duras?” se han planteado a menudo, y los expertos están dispuestos a responderlas. Lo que no se ha preguntado lo suficiente hasta ahora es “¿cómo seguiremos alimentando a una población creciente en estas circunstancias, y cómo lo haremos bien?”. Ese enfoque integral está bien reflejado en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU: el ODS 2, Hambre Cero, busca “poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición y promover la agricultura sostenible”. Si presenta la producción agrícola a la vez como villana y víctima del cambio climático, la COP26 podría perder de vista lo esencial y dejar de abordar a la verdadera víctima: la nutrición. El secretario general de la ONU, Guterres, expresó hace poco una preocupación similar cuando pidió a la comunidad internacional “no ver los alimentos solo como una mercancía, sino como un derecho”.5

Lecciones clave del COVID-19
El COVID-19 interrumpió muchas cadenas de valor en todo el mundo. Los sistemas alimentarios globales, en particular, sufrieron y siguen sufriendo las graves consecuencias de la pandemia. En julio de este año, el informe anual de la OMS, el PMA, el FIDA y UNICEF, El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2021 (SOFI), lo confirmó con datos alarmantes: en 2020, el número de personas afectadas por el hambre crónica aumentó más que en los cinco años anteriores juntos. Una décima parte de la población mundial, entre 720 y 811 millones de personas, estuvo subalimentada el año pasado. Unos 418 millones de ellas estaban en Asia y 282 millones en África. En todo el mundo, 2.400 millones de personas no tuvieron acceso a alimentos suficientemente nutritivos en 2020. Es un aumento de casi 320 millones de personas en un solo año.
La pandemia fue un factor clave para socavar los avances logrados durante años en la erradicación del hambre y la malnutrición. Aun así, el informe señala los conflictos políticos y el cambio climático como otras fuerzas perjudiciales. El director ejecutivo del PMA se hizo eco de esto al afirmar que “el (informe) pone de relieve una realidad devastadora: el camino hacia el Hambre Cero está completamente frenado por los conflictos, el clima y el COVID-19”. Y añadió: “El hambre está destruyendo el potencial futuro de los niños. El mundo debe actuar para salvar a esta generación perdida antes de que sea demasiado tarde”. Cabe señalar que el informe adopta un enfoque bastante integral del cambio climático. No limita sus recomendaciones a ampliar la resiliencia climática de los sistemas alimentarios. También destaca, entre otras cosas, la importancia de intervenir a lo largo de las cadenas de suministro de alimentos para reducir el costo de los alimentos nutritivos. Y destaca la importancia de fortalecer los entornos alimentarios y cambiar el comportamiento de los consumidores para promover patrones de alimentación con efectos positivos en la salud humana y el medio ambiente.6
Acelerar avances reales más allá de la Cumbre de la ONU sobre los Sistemas Alimentarios
El mes pasado, las Naciones Unidas organizaron la primera Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios. Fue una colaboración entre varias agencias de la ONU, fundaciones filantrópicas y organizaciones del sector privado, con la misión de impulsar un cambio en la forma en que se producen y consumen los alimentos en todo el mundo. Pese a las críticas persistentes sobre el papel del sector privado y la poca participación de las comunidades indígenas, la Cumbre tuvo un éxito relativo en conseguir varios compromisos de financiamiento para transformar los sistemas alimentarios. Entre ellos, 10.000 millones de dólares en cinco años de Estados Unidos. La mitad se destinará a todo el mundo a través de la iniciativa Feed the Future de USAID, con un fuerte foco en reducir la pobreza y el retraso del crecimiento en un 20 por ciento en los países seleccionados. La Fundación Bill y Melinda Gates también anunció 922 millones de dólares para mejorar la nutrición. El Fondo Verde para el Clima (FVC), el mayor fondo climático multilateral del mundo, dijo que busca invertir 2.000 millones de dólares al año entre 2020 y 20237.
La conferencia de dos días concluyó con declaraciones de jefes de Estado que detallaron sus compromisos para que los “sistemas alimentarios” de sus países sean más “inclusivos, resilientes y sostenibles”. Para muchos, el cambio climático ocupó un lugar destacado en su agenda.8 Sin embargo, a diferencia de una Conferencia de las Partes (COP), en la Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios no hubo negociaciones. Además, a diferencia de una COP, los resultados de la Cumbre no son jurídicamente vinculantes. No está claro qué mecanismos se crearán para que los países y las demás partes rindan cuentas de sus compromisos.7
Un impulso creciente para poner la nutrición en primer plano frente al cambio climático
Sin duda, la Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios generó impulso en la comunidad en general. Durante el último mes, identificamos stakeholders de organizaciones intergubernamentales, ONG, gobiernos, la academia y el sector privado que señalaron el hambre y la malnutrición como problemas urgentes de los sistemas alimentarios globales en la era del cambio climático. Al mismo tiempo, mencionaron de forma explícita la COP26 como una posible plataforma para abordarlos.

¿Podrá la COP26 adoptar un enfoque sistémico?
Como sostiene una coalición creciente de múltiples stakeholders, la COP26 sería la plataforma ideal para abordar la nutrición a la luz del cambio climático. Centrarse en la mitigación de las emisiones agrícolas y en la adaptación climática de las prácticas agrícolas no daría el panorama completo en el que deben verse los sistemas alimentarios globales. El alcance de los ODS (ODS 2) y la última conclusión del informe SOFI son solo algunos ejemplos que indican que solo habrá avances si adoptamos un enfoque sistémico. La Conferencia podrá aprovechar con facilidad el impulso generado por la Cumbre de la ONU sobre los Sistemas Alimentarios, que concluyó el mes pasado. También podrá convertir ese impulso inicial en pasos concretos para erradicar el hambre y la malnutrición. Esto es así sobre todo por su potencial de financiamiento (en la COP26 se lanzará un fondo climático de 100.000 millones de dólares9) y porque, como foro, puede cerrar acuerdos y compromisos vinculantes entre gobiernos.
- https://ukcop26.org/cop26-goals/
- https://www.carbonbrief.org/qa-how-did-climate-change-feature-at-the-un-food-systems-summit
- https://eos.org/features/climate-change-uproots-global-agriculture
- https://www.bioversityinternational.org/innovations/seeds-for-needs/adapting-to-climate-change/
- https://news.un.org/en/story/2021/09/1100942
- https://www.fao.org/3/cb4474en/online/cb4474en.html#chapter-executive_summary
- https://www.carbonbrief.org/qa-how-did-climate-change-feature-at-the-un-food-systems-summit ↩2
- https://www.scidev.net/global/news/un-summit-calls-for-climate-friendly-food-systems/
- https://commonslibrary.parliament.uk/cop26-delivering-on-100-billion-climate-finance/
